Teniendo un Cristo de mi rosario en mi mano las veces que Dios me regaló la oportunidad de estar en compañía de alguien o de realizar una obra de misericordia primero me sentí nerviosa del momento que estaba viviendo, o reviviendo, siempre pedí Espíritu Santo para hacer las cosas bien, pensar bien y decir bien.
En dos ocasiones logre ver que la persona se fue a gusto, tranquila y que alguien la había escuchado. No me senti llena de soberbia, solo digo gracias Dios, por cada día. Amen.
Gracias a todos.
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